17 may. 2015

¿Más de 35? ¡Se acabó!

"Toda juventud es inquieta. El impulso hacia lo mejor solo puede esperarse de ella: jamás de los enmohecidos y de los seniles. Y solo es juventud la sana e iluminada, la que mira al frente y no a la espalda; nunca los decrépitos de pocos años, prematuramente domesticados por las supersticiones del pasado: lo que en ellos parece primavera es tibieza otoñal, ilusión de aurora que es ya un apagamiento de crepúsculo.
Solo hay juventud en los que trabajan con entusiasmo para el porvenir; por eso en los caracteres excelentes puede persistir sobre el apeñuscarse de los años.
Nada cabe esperar de los hombres que entran en la vida sin afiebrarse por algún ideal; a los que nunca fueron jóvenes, paréceles descarriado todo ensueño. Y no se nace joven: hay que adquirir la juventud. Y sin un ideal no se adquiere" 
Texto sacado de el libro "El hombre mediocre" de José Ingenieros

Llegó el inexorable momento, ese desagradable instante en la historia de toda persona que alcanza una edad en la que se da cuenta de la cantidad de puertas que se le cierran por el mero hecho de haber crecido, de haber incluso madurado (en) algo, de haber dejado correr los años sin freno y tener la osadía de hacerse adulta. 
Es en ese preciso punto temporal cuando no pocos estamentos te arrebatan con crueldad el título de "joven" para implantarte, no sin menos crueldad, la etiqueta de "mayor". Una observa con incredulidad como empiezan a aparecer vetos aquí y acullá pues, al parecer, ya eres mayor para hacer ciertas cosas.


¿Que a qué vetos me refiero? Básicamente a restricciones de acceso a becas, ayudas, concursos, convocatorias y ¡hasta charlas informativas! Todo esto corroborado en el terreno en el que yo me muevo: el artístico.
Se impone subliminalmente esa dudosa obviedad de que a partir de esa edad ya tienes que tener la vida artístico-creativo-laboral más que resuelta y las lecciones más que aprendidas. Que parece que no te enteras, chavala.

Un triste, injusto y ridículo sesgo en un ámbito donde, si algo es vital, es poder acceder esa red que se teje gracias a los contactos, a la información que se comparte y a los lugares a los que se puede acceder, en la mayoría de las ocasiones solo por esas vías. 
Aquí, ahora sí, lo obvio: a cualquier edad se puede empezar, retomar, continuar, refrescar, aprender, y un largo etcétera de momentos movidos por la valentía, las inquietudes y las ilusiones... ilusiones que ustedes despluman en un tris por una absurda formalidad. Qué hartura de convencionalismos. 

Dejen de confundirnos, dejen de empeñarse en que emergente es sinónimo de juventud y dejen de manosear y de colocar a su antojo y con tan poco crédito la categoría de "talento", dicho sea de paso. Reparen ya en que la creatividad se puede despertar a cualquier edad y que ésta necesita de estímulos y, cómo no, de apoyos en cualquier momento de la vida. ¡Dejen ya de ponerle barreras al arte!  


"Ceguera" de Bárbara Lanzarote



Años atrás, una lo podía pasar un poco mal cuando en la puerta del club de turno le negaban la entrada por no ser mayor de edad. ¡Qué digo mal! Dicho trance podía convertirse en un auténtico drama propio de una edad del pavo tardía. La muy pava que no se daba cuenta de lo poco que eso importaba, de que solo era cuestión de hacer "tiempo" hasta llegar los dieciocho. 

Dieciocho años más después, justo cuando has cumplido el doble, ya no hay que hacer tiempo para nada porque nada de eso que te pudiera interesar, ayudar e impulsar está por venir. La etiqueta oficial más seductora que te espera a partir de ahora es la de "jubilada". ¡Pero mira si te quedarán años por delante como para no esperar nada más de la vida! 
Pero, ¿ésto de que va? ¿De que a partir de ahora se pone el piloto automático y viajamos por una ruta prefijada sin más variaciones posibles? ¡Uy! ¡Qué sumamente aburrido planteado así, oiga! 

Yo, como siempre, tiro de RAE para ver qué significa oficialmente "juventud". Selecciono dos acepciones y... ¡tachán!
4. f. Primeros tiempos de algo.
5. f. Energía, vigor, frescura. 
¡Aún hay esperanza! 
Por cierto, os convoco a una fiesta. Una en la que jugaremos con un condensador de fluzo a imaginarnos, no el qué sería volver a los 18 (que yo ya los viví y los disfruté al máximo) si no más bien a tratar de visualizar qué será de nosotros con 99, qué estarermos estudiando y en qué nuevas creaciones estaremos liados. 

Requisitos: 
(Válido si los cumples este año)

*Nota: La fotografía de hoy es de una obra de mi querida amiga Bárbara Lanzarote, una artista que mejora con los años gracias a su pasión, esfuerzo y talentazo.


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