8 ene. 2015

Va de Diva

Llevaba mucho tiempo queriendo escribir sobre este tema: las Divas. Si, lo escribo con mayúsculas porque ser Diva requiere reunir unas cualidades excepcionales que algunas solo podemos oler de lejos. Sin embargo, hoy en día poco o nada queda contenido en esa palabra de su significado original. Ha sido un término tan manido y mal usado en los últimos años que ahora cualquiera puede ser diva (y no quiero señalar). Para mayor escarnio, se viene utilizando de un tiempo a esta parte de forma peyorativa para definir a una persona engreída y soberbia.

Por tanto, debido a ese maltrato a una de las palabras más bellas del diccionario con uno de los significados (originales) más potentes de todos los tiempos, me dispongo aquí y ahora a reclamar y a defender a las verdaderas Divas y a tratar de despojar al término de su carga negativa. 

No me interpretéis mal, a mi que el término se haya democratizado me parece divino, nunca mejor dicho. Pero en lo que a la profesionalidad y al talento musicalmente hablando se refiere, creo que no vendrían mal unas pequeñas dosis de humildad y/o prudencia para los y las que colocan o se colocan el cartelito DIVA en la frente. Y, sobretodo, estaría bien dejar de confundir ese tratamiento con el de ser una persona abominable.

Etimológicamente, diva proviene de la palabra latina diva que significa “diosa”. A su vez, la palabra divina proviene de diva. Diosa, diva, divina... la cosa no es baladí. El término se comienza a utilizar a mediados del siglo XX en el ámbito de la música clásica para definir a cantantes con unas cualidades técnicas de voz muy notables, que podían hacer referencia a un muy amplio registro, a una gran potencia, a un timbre muy bello o a una expresividad sin parangón. Cualquiera de estas características o algunas o todas a la vez, iban acompañadas de un gran carisma sobre el escenario.

Sus repertorios estaban cargados de obras que requerían virtuosismo y dejaban una libertad de improvisación que una Diva sabía cómo aprovechar y explotar al máximo. 

El mayor exponente de aquella época fue Maria Callas.

Maria Callas (Fuente: Wikipedia)

“Una diva, además de cantar e interpretar, tiene que ser una diosa en la vida cotidiana”. Maria Callas.

En su uso moderno y con un significado relativamente fiel original, la Diva es una cantante provista de una gran voz que utiliza con gran maestría y que tiene un fuerte magnetismo sobre el escenario. Llega la era de la música popular y aquí se contemplan figuras como Billie Holliday, Aretha Franklin, Shirley Bassey, Celine Dion, Mariah Carey y más recientemente a Beyoncé, entre otras tantas.   

Precisamente en Shirley Bassey quería recalar un poco. Os invito a que veáis este vídeo, de principio a fin.




Ya... yo tampoco querría haber estado cerca de ella en un ensayo cuando le daban esos ataques de endiosamiento pero... intentemos no ser muy rápidos en nuestros juicios. 

Yo considero que su intención es positiva. Y lo afirmo porque en la parte documental se deja ver su fuerte carácter, si, pero también se explica como ella busca la mayor perfección, ser lo más profesional que puede llegar a ser en cada actuación. Busca que el resultado sea impactante, a la altura de su interpretación (esto lo digo yo) y, para ello, se interesa y revisa durante los preparativos y ensayos absolutamente todo: el sonido, la iluminación, la disposición de las cámaras, etc. Lo que decía, su intención es positiva.

Cuando durante la entrevista le comentan si es consciente de que tiene un fuerte temperamento y le preguntan de dónde le viene, ella responde que solo lo exterioriza cuando se trata de su trabajo porque es su vida

Por eso, hasta que todo no está como debe estar, hasta el más mínimo detalle, ella no puede brillar con el máximo esplendor. Y una Diva no puede permitirse menos... al fin y al cabo, ahí queda el resultado de su empeño, esa primera mitad del vídeo en la que hace una actuación soberbia.  

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