14 feb. 2014

Tu lugar de estudio: "Tu templo"

Tu lugar de estudio debe ser tu templo. El lugar donde puedas reorganizar tus ideas, donde puedas estar abierto/a a las sensaciones y poder concentrarte en cada poro de tu piel para, inmediatamente, poder olvidar que estás compuesto/a de millones de células que conforman tus órganos que, a su vez, se reorganizan en sistemas que intervienen cuando cantas. Olvidarlo para poder fluir y tener la conciencia del "todo". La teoría la puedes ir leyendo de camino al estudio, la práctica se debe hacer en el espacio donde puedas expresarte libremente. 

La concentración, en este caso particular, aquí la indentifico con la capacidad para focalizarte y conseguir el objetivo propuesto para ese día, independientemente del tiempo que te lleve alcanzarlo. Lo que suceda en torno a eso, bienvenido sea. Es decir, todo aquello que hagas con un propósito. Ese todo debe estar presente durante tu práctica.

Tu lugar de estudio debe ser el espacio donde sientas plena libertad para dejar fluir tu propia naturaleza, donde cantar se convierta en la máxima expresión de tu ser profundo, inquieto... y hasta rebelde. Ese ser que permanece adormecido gran parte del tiempo y cuyo sonido queda enmascarado en los quehaceres diarios y las prisas, que recoge y guarda la información valiosa para que tú logres brillar, y que aguarda paciente hasta que le permitimos salir y le otorgamos su momento para actuar. Yo lo he catalogado como "La Genio" (porque genia no está aceptada, que si no...).
"La Genio" se haya en todos nosotros y no solo debería aparecer en lo alto del escenario sino también durante nuestras horas de práctica... debemos tratar con ella y llegar a conocerla bien porque ¡es nuestra mejor aliada! Además, estudiar liberando a la Genio marca una gran diferencia entre estudiar de forma rutinaria sin conciencia a hacerlo mediante "rutinas" con plena conciencia. Los resultados son formidables y mucho más reconfortantes. 

Somos muchos a los que nos "preocupa" el método. El método debe irse integrando poco a poco, con práctica y paciencia, pero disfrutando de él, no padeciéndolo. Además, partiendo de la generalidad del método solemos olvidar la particularidad de cada cuerpo y mente, con nuestras especificidades, aquello que nos distingue y nos hace únicos. Hasta nuestra filosofía de vida alterará la manera en la que aplicamos el método en nosotros mismos. Así lo pienso yo. Somos seres dotados de una razón que, a poco que la comenzamos a poner en marcha, retirando los debidos obstáculos (como, por ejemplo, la vergüenza), nos guía por un intuitivo camino que nos hace llegar a las metas propuestas, sacando del método que utilizamos, el máximo partido.

Por supuesto, dicho lugar debe estar dotado con todas las herramientas que necesites para poner en marcha el proceso. Al menos, todas las imprescindibles para ti. Cuenta con que, muchas veces, es cuestión de imaginación más que de economía.

Por tanto, con el método de una mano y con la Genio de otra, sumérgete en tu lugar de estudio, tu templo, aprende y ¡disfruta! 


 

No hay comentarios: