1 abr. 2013

Un pequeño ensayo informal sobre la mala crítica


Nuestra crítica consiste en reprochar a los demás el no tener las cualidades que nosotros creemos tener.  (Jules Renard)
Fuente: www.unprofound.com

No se nos prepara para afrontar una mala crítica. Y éstas llegan, tarde o temprano. Y no hablo solo en el ámbito artístico. En la vida diaria están a la orden. A falta de educación emocional que nos explique la naturaleza de este acto y que nos proporcione los mecanismos para recibirla y aceptarla, o como prefiero decir, gestionarla, nos encontramos ante una situación que nos produce unas sensaciones, en muchos casos incómodas, que pueden llegar a convertirse en sentimientos dañinos tanto hacia dentro como hacia fuera del ser-objetivo de la mala crítica.

Cada uno la afronta como le viene. Nuestros resortes, conductas aprendidas, nuestro carácter, etc. harán que reaccionemos de formas muy diversas ante ella. Pero resumiendo, en general nos la tomamos mal.  Si es mala, nos la tomamos mal. Ser criticado negativamente es algo que merece más atención de lo que se piensa a priori, sobretodo, por su causalidad y sus consecuencias.

Antes de valorar las causas y los efectos que producen en uno sería bueno analizar brevemente de quién proviene la mala crítica, el tono de ésta y, por supuesto, su contenido. No es lo mismo que el emisor sea un entendido en la materia a que no lo sea. No es lo mismo que el tono del mensaje sea incisivo y/o insultante a que sea educado y/o amable. Y un contenido pernicioso dista mucho de producir el mismo efecto que un contenido constructivo.

Dentro de las diferentes formas de encarar la mala crítica podemos encontrar el rechazo, la ignorancia, el sufrimiento, el análisis y/o la aceptación. Todas estas respuestas, una o varias a la vez, pueden devenir de cualquiera de las variadas formas de mala crítica.

Pero barajando todas las anteriores variables y suponiendo el mejor de los casos en el que nos encontramos con un mensaje proveniente de alguien con criterio, con un tono educado y con un contenido constructivo ¿tendría entonces sentido hablar de mala crítica? Ante un comentario de esta índole deberíamos hacer acopio de todo el sentido común que tenemos para descubrir qué de verdad hay en ella, lo que de ésta podemos aprender, qué podemos mejorar en nosotros gracias a esta "llamada de atención". Resulta que, a lo mejor, no es tan mala y nos ayuda a superarnos en lo que hacemos.

Claro que poniéndonos en el peor de los escenarios en el que la crítica es destructiva, vertida en un tono despectivo proviniendo de alguien que no tiene ni la más remota idea de lo que dice, el mismo sentido común debería ser aplicado para discernir que esto nada nos puede aportar más que malestar si lo tenemos en una consideración excesiva. Es un mensaje sin más fin que el de perjudicar y debemos dejar que se diluya en el olvido.

Es, quizás, en los puntos intermedios de ese "pantone de malas críticas" en el que se confunden los tonos, los contenidos y las fuentes de las que provienen donde nos podemos perder emocionalmente.

Y lo más importante y que he dejado para el final ¿qué ha causado la mala crítica? Esta es la primera cuestión que debería plantearse dado que supone el punto de partida, es ese hecho concreto que suscita un feedback, que provoca en alguien una emoción que le lleva a querer apostillar su parecer. Un alguien que no está de acuerdo o que se ha sentido ofendido o que sencillamente tiene la necesidad de lanzar  un controvertido mensaje en respuesta a esa acción.  

El grado de exposición "al mundo" influirá en el grado de exposición a las malas críticas y nuestra salud emocional determinará en gran medida el efecto que éstas producirán en nosotros. Sea como sea es sano concluir que no se le puede gustar a todo el mundo, que nuestras decisiones, acciones, gestos, comportamientos, etc. no serán nunca del agrado de todos y que la seguridad en uno mismo, en lo que se dice y se hace, será siempre una aliada en nuestro quehacer diario.   


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