17 dic. 2012

Lunes

Empieza la semana. Me digo que todo va a cambiar. Me digo que a partir de ahora lo voy a hacer bien. Pero cae la noche. El día ha pasado tan rápido que no me ha dado tiempo a tomar conciencia de esos pequeños pero numerosos arreglos que tengo que llevar a cabo y que conforman un gran todo que me tiene aprisionada contra el suelo. ¡Cómo pesa el todo maldito! 

No he sabido por dónde empezar. Siempre lo mismo. ¡Empieza por algo! ¡Lo más fácil! ¡Lo que tengas más al alcance de la mano! ¡Lo primero que se te venga a la mente! Nada. Bloqueo. Otro lunes igual que el anterior y el otro y el otro... y así hasta llegar a aquél en el que me di cuenta del gran desbarajuste en el que está sumido mi vida y me propuse hacer "obras". Fantaseé. Esto llega solo - me convencí. Llega el día en que lo tengo claro, me sacudo el flequillo de los ojos y encaro la situación. Como si las fuerzas me fueran a caer del cielo. Hay que trabajar. ¡Hay que reformar!  

Pues mira, eso voy a hacer. Voy a colgar el cartel de "Cerrado por reformas" y a ver qué pasa. Que nadie se lo tome a mal. Es necesidad. Así que no cuenten conmigo en un tiempo. Voy a empezar la semana cerrando el chiringuito ¡ala!

Tengo que reformular la hoja de ruta. Ésta que uso ahora ya no funciona. No me lleva a puerto. Me desvía de los propósitos. ¡Ah! Los propósitos... pero, ¿qué propósitos? Pues eso, empezaré por ahí, empezaré por marcar los objetivos con sus respectivas estrategias y sus consecuentes acciones. 

Propósito 1 (A ver si haciéndolo público me da más vergüenza no cumplirlo): dejar constancia semanal de cómo va la ejecución de las acciones que requieren mis estrategias para llegar a cumplir mis objetivos. ¡Empieza la semana!


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