11 oct. 2012

Dicen que no me quieres

Fuente: La Vanguardia

El amor ciego es así. Aparta audazmente de mi vista aquello que pudiera mostrar la incómoda realidad de tu rechazo. Aparta de mí el dolor que me produciría saber que esto fue un fugaz idilio caduco sin yo saberlo desde el principio, de falsos pilares hundidos en tu pantanoso subsuelo. 



Dicen que no me quieres. 
Dicen que te sobro. 
Dicen que quieres que me vaya. 

Yo a ti, en cambio, te amo incondicional y apasionadamente. 
Te leo, te respiro y te camino. 
Te defiendo y te admiro. 

No me importa que en ti habiten algunos seres de retorcida mente que responsabilizan a los demás de tus males. Ni que los que se dicen tus apoderados te hayan hecho creer que como tú no hay otra y eso se te haya subido a la cabeza.

No me importan tus fríos siberianos ni los prohibitivos precios de tu transporte público. 
Ni me importa que las sonrisas escaseen como si una ley oculta castigara cualquier muestra de emocionalidad...  ¡ah! Si. Cierto. Soy emocional. Algo que interpretas como debilidad. No te enteras... mi debilidad eres tú, ¡tonta! 

No me importa que digan de ti que tienes cara de perro, tú y yo sabemos que hasta eso acrecenta tu encanto. No me molesta que me mires espantada cada vez que intento articular dos frases seguidas en tu endiablada lengua... yo oculto mi vergüenza tras mis agitadas manos y a cambio muestro la más tierna de mis sonrisas prometiéndote que voy a aplicarme más e intentar alcanzar el grado de excelencia. No te mereces menos. 

¿La verdad? No me importa que no me quieras. Voy a seguir aquí a tu lado, te guste o no. Tírame a la cabeza tu cada vez más caro ladrillo que yo, como "la Gata Loca", lo tomaré como el más bonito gesto de amor. 


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