29 dic. 2010

Gestionar el dolor

Todos los años contienen fechas señaladas que, a su vez, contienen recuerdos. A veces alegres, a veces dolorosos. "Tal día como hoy hace tantos años...". Esos días y momentos destacados están ahí e inexorablemente se repiten cada 365 días a modo de recordatorio. 
Encendemos una vela, nos vamos a cenar, regalamos o ponemos flores, lloramos, nos reunimos, llamamos por teléfono, miramos fotos, festejamos... nuestra mirada se pierde en el infinito por unos segundos abstraídos en el pensamiento de ese algo que no podemos olvidar. 


Hace nueve años sucedió algo en mi vida, algo que me cambió. Recuerdo ese día todos los años, uno tras otro. No hay fiesta ni llamada, ni flores ni regalos... solo un pensamiento. Ha aparecido nueve veces en mi cabeza desde entonces. Secuencias de escenas se suceden en mi cabeza, desordenadas, a cámara lenta. No son tan vívidas como la escena original, pero me paralizan un instante y luego me dan que pensar. Y aquí viene la duda. ¿Qué se hace con el dolor que producen? Está bien, convivir con él.  Pero en el caso de poder elegir ¿dejamos que fluyan los sentimientos o detenemos el pensamiento? Me he dado cuenta de que puedo hacerlo, puedo decidir voluntariamente dejar de pensar en algo tan doloroso. Pero, sin embargo, opto por continuar. Pero no sé cuál de las dos opciones es mejor para la salud mental de una persona. Si detengo el recuerdo siento una inexplicable culpabilidad por no hacer un repaso sobre un acontecimiento tan importante en mi vida. Pero si continuo con él creo estar auto compadeciéndome. Corren las lágrimas, nadie lo sabe ni falta que hace. Y no hay moraleja. No hay reflexión final. Solo un recuerdo. Un recuerdo que volverá el año que viene... 

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